Una reforma empresarial: encender la llama de Charles Handy

 

Hace quinientos años, un fraile desconocido en una ciudad alemana desconocida presentó una queja contra su empleador. El fraile fue Martín Lutero, el pueblo de Wittenberg. Su empleador era la Iglesia Católica, y la carga de sus quejas, 95 de ellas, era doble. Primero, que se le permitiera comprar el camino al cielo, como lo ofrecía la iglesia a través de la venta de indulgencias, estaba mal: una estafa a los pobres para enriquecer a los ricos, lo que hoy en día suena familiar.

La segunda fue que la ruta al cielo no fue a través de lo que hizo, que después de todo fue establecido por la organización, sino a través de lo que fue. Llamó a esto "justificación por la fe". Lo llamo "recuperar nuestra humanidad individual básica". Es un mensaje que todavía hoy suena alto y claro.

El gran cambio lleva tiempo, pero un hombre lo logró. Lutero desencadenó la reforma de las iglesias cristianas, lo que condujo a la iluminación y, finalmente, a la separación de la iglesia y el estado, el pensamiento libre, las revoluciones francesa y estadounidense, y el lanzamiento de la iniciativa individual. Siglos de inventos posteriores, la creatividad y el crecimiento económico han proporcionado a la humanidad (o la mayor parte de ella) una mayor prosperidad, una vida más larga y una mejor salud que nunca.

De la empresa a la corporación

Deberíamos estar agradecidos por eso. Pero había un obstáculo oculto. Uno de los grandes inventos sociales del siglo XIX fue la fusión de las sociedades anónimas y las sociedades de responsabilidad limitada, primero en Gran Bretaña y luego en todo el mundo. Al permitir que la propiedad de la empresa se separara de la administración, permitía a los ricos asumir grandes riesgos sin arriesgar toda su riqueza. Así, fue alimentada la revolución industrial y el subsiguiente aumento de la prosperidad. También creó la compañía y luego la corporación, que nos ha proporcionado a muchos de nosotros en el último siglo nuestro estilo de vida y trabajo normal.

Comencé mi vida laboral en una de esas empresas hace 60 años. Era la compañía Shell de Singapur, parte de Royal Dutch Shell. Era pequeño, un grupo de compañeros, todos a quienes conocía, tanto lo que hacían como quienes eran, lo bueno, lo malo, en quién podía confiarse y quién debía evitarlo.

Cuando regresé al Reino Unido, descubrí que Shell en Londres era una corporación, no una compañía. En la puerta de mi oficina compartida había una placa de bronce estampada con el título del departamento, MKR / 35, con ranuras para dos tarjetas de identificación debajo. Esto, me di cuenta, era lo que significaba ser un ocupante temporal en una corporación. Con el rol llegó una 'descripción del rol' de tres páginas, que no tenía nombre. Un día noté que las tarjetas de identificación en la puerta habían desaparecido. Ahora no era un nombre, solo un número. Esto no me sonó muy humano ni a mi esposa, y me fui.

Más tarde noté que cualquier interacción con un cuerpo corporativo me convirtió en una identificación y una contraseña. Últimamente, con tecnología de reconocimiento facial, se agregó una cara. ¿Estaba esta humanidad entrando al fin? Por desgracia, mi cara es solo otra forma de datos que se incorporan a la gran cosa del procesamiento digital de datos que es la organización. Inicialmente me consolé al reflexionar que seguramente había cosas en mí que no se podían digitalizar: visión, sueños, esperanza, confianza y empatía, compromiso, todas las cosas que me hacen diferente, vida que vale la pena vivir y trabajo que vale la pena hacer. Pero eso era contar sin la ley del instrumento de Abraham Maslow. Maslow dijo que si su herramienta favorita fuera un martillo, todo lo que vea se convertiría en un clavo para ser golpeado con ella. Siguiendo a Maslow, mi preocupación es que si estamos tan colgados y entusiasmados con las posibilidades digitales, de hecho vamos a digitalizar todo. Eso haría de nuestras organizaciones nada más que una prisión para el alma humana. Debemos tener cuidado de que nuestra humanidad no se vea abrumada por la revolución digital.

Necesario: una reforma empresarial

Solía ​​pensar que la respuesta podría ser una carta para que la humanidad se use como una guía para la organización. Pero lo que realmente necesitamos es una reforma empresarial. Necesitamos repensar cómo las organizaciones, particularmente las empresas, se administran realmente, por qué se administran y cuál es su propósito y función en la sociedad. Necesitamos descubrir cómo mantener intactos los valores humanos dentro de la corporación. Y si eso parece ambicioso, considere el logro de Lutero, un hombre solo.

Y no solo Lutero. En 1970, Milton Friedman se propuso anunciar que el único propósito de un negocio era obtener ganancias. Así es como llegamos al valor para el accionista (una frase previamente desconocida), seguida de la teoría de la agencia, la idea de una corporación como un nexo de contratos y opciones de acciones, eventualmente legalizadas por el Congreso. Y ahora, un pantano de acciones de recompra, billones de dólares que se destinan a las acciones privadas de algunos de los gerentes senior. Esto también fue una revolución, una no deseada, pero una revolución no obstante.

Entonces, ¿  dónde  encontramos otro líder? ¿Quién dirigirá  nuestra  reforma? Bueno, déjame seguir a otro Martín Lutero y tener un sueño. ¿No podría el moderno Wittenberg ser el Drucker Forum? ¿Y el Lutero de nuestro tiempo será Peter Drucker? Con sus palabras de la tumba magnificada ... por todos nosotros. Y ejemplificado poniendo nuestras palabras en práctica. Si la gente critica, tenemos que ser audaces, como Lutero, y decir: aquí estoy, no puedo hacer otra cosa, porque esta es la manera correcta de comportarse. Así que no preguntes por líderes. Depende de nosotros iniciar pequeños incendios en la oscuridad, hasta que se extiendan y el mundo entero se ilumine con una mejor visión de lo que podríamos hacer con nuestros negocios. Si no somos nosotros, ¿entonces quién? ¿Si no es ahora, entonces cuando?

 

Este artículo forma parte de una serie relacionada con el  10º Foro Global de Peter Drucker , con la gestión del tema  La dimensión humana , que tuvo lugar los días 29 y 30 de noviembre de 2018 en Viena, Austria. 

 

Se publica con el acuerdo de Charles Handy. # GPDF18

Este artículo fue publicado por primera vez en Linkedin .

 

Transhumanismo

 

Siempre hallamos en el hombre, desde la noche de los tiempos, el anhelo de salirse de la casilla de su naturaleza, anticipando el destino glorioso que le ha sido prometido. Hay en nuestra naturaleza mortal una nostalgia de divinidad, pues no en vano fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, hemos participado de los beneficios de la Redención y sabemos que nos aguarda una existencia eterna y “transhumanada”, una metamorfosis misteriosa que nos hará resplandecientes e inmortales, sin renunciar a nuestros cuerpos.

 

Esta vocación plenamente humana, alimentada de promesas divinas, encontró su parodia en aquella promesa que la antigua serpiente lanzó a Eva en el Paraíso: “Seréis como dioses”. Es decir, podréis disfrutar de esa naturaleza “transhumanada” revelándoos contra el acto creador de Dios, rechazando los beneficios de la Redención, anticipando el disfrute de una gloria imperecedera al margen de los planes divinos.

Todas las triquiñuelas luciferinas se resumen, a la postre, en la promesa de un Paraíso en la Tierra que anticipe los gozos ultraterrenos y glorifique nuestra carne mortal, a costa de privarla de la gloria eterna. Y entre todas estas triquiñuelas ninguna tan sugestiva y perturbadora como hacernos dioses revolviéndonos contra nuestros límites como seres biológicos. Así, el hombre deja de ser criatura, para convertirse en creador de sí mismo.

El transhumanismo promete que nos dotará de capacidades superiores: una mayor longevidad, una inteligencia superior, una invulnerabilidad ante las enfermedades o las pasiones más torpes, etcétera. Así hasta convertirnos en dioses. Aquí podríamos recordar aquella frase de Lewis Mumford sobre los utopistas: “Al pretender que Falstaff sea como Cristo, estos fanáticos impiden que los bribones de nacimiento sean capaces de alcanzar al menos el nivel de un Robin Hood”.

Frente a las pretensiones utópicas, la visión católica le pide a Falstaff que mire a Cristo, que trate de imitarlo, para que así, desplazándose dentro del ámbito de su naturaleza caída, logre ser Robin Hood. Esta es la única transformación a la que podemos aspirar en vida. El transhumanismo, en cambio, pretende saltarse de un brinco nuestra naturaleza caída; y, a diferencia de la gracia, que favorece la conversión de Falstaff en Robin Hood, pretende grotescamente que Falstaff se convierta en Cristo. Algo tan grotesco como saltar sobre la propia sombra o tratar de alzarnos tirando de nuestro pelo.

Contra la utopía transhumanista, se alza la idea cristiana, tan escandalosa y subversiva hoy como hace dos mil años. Nuestro cuerpo, tan tentado por las debilidades, tan acechado por los padecimientos y los achaques, guarda una semilla de divinidad que germinará después de nuestra muerte, para inundarnos de divinidad.

Nuestro cuerpo lleno de arrugas y michelines, cólicos del riñón y deficiencias respiratorias, humores malolientes, secreciones y excrementos; nuestro cuerpo que se lastima y se duele, que se muere y se pudre y que, sin embargo, ha sido elegido como recipiente necesario de nuestra plenitud, nuestro cuerpo ha nacido para la gloria. Esta es la transhumanización que nos aguarda, a la vuelta de la esquina y para siempre. 

Publicado por Juan Manuel de Prada en Misión numero 10 Aniversario

 

 

¿Quién es el ser humano?

 

La felicidad consiste en la mejor realización de nuestro proyecto personal. Y la coherencia de vida, que es el puente levadizo que nos conduce finalmente al castillo de la felicidad. Porque la vida es arte y aprendizaje. Oficio y tanteo. Sabio es el conocedor de la vida»

 

GRAN pregunta. El ser humano es una realidad compuesta de cuerpo, alma y psicología. Y es fundamental conseguir una buena articulación entre estos tres principios que se hospedan en su interior. Para Platón la relación entre el alma y el cuerpo, es como el marino respecto a la nave. Los clásicos repetían una expresión latina, sema soma, el cuerpo como cárcel del alma. Descartes partiendo del cogito ergo sum, viene a decir que el hombre es un ser pensante. Los griegos lo nombraban como zoon logikón: animal racional.

 

Definir es limitar. Es expresar la esencia de una realidad. El ser humano comparte un cuerpo como el animal, pero tiene cuatro notas en su interior que son claves: inteligencia, afectividad, voluntad y espiritualidad. Éstas le diferencian claramente del resto del mundo animal. Voy a dar una pincelada de cada una de ellas.

 

Inteligencia es la capacidad para captar la realidad en su complejidad y en sus conexiones. Inteligencia es capacidad de síntesis. Es saber distinguir lo accesorio de lo fundamental. Es el arte de reducir lo complejo a sencillo. Es claridad de pensamiento. La sencillez es una virtud intelectual; es la virtud de la infancia. Hoy sabemos que existen muchas variedades y por eso debemos hablar de inteligencias en plural. Aun así, debo subrayar que a la razón le corresponde la búsqueda de la verdad. La verdad es la conformidad entre la realidad y el pensamiento. Hay una verdad teórica y otra práctica.

 

La afectividad está constituida por un conjunto de fenómenos de naturaleza subjetiva, diferentes de lo que es el puro conocimiento, que suelen ser difíciles de verbalizar y que provocan un cambio interior. La vía regia de la afectividad son los sentimientos: es el modo habitual de vivir el mundo emocional. Todos los sentimientos tienen dos caras contrapuestas: alegría-tristeza, paz-ansiedad, amordesamor, felicidad-infortunio, etc. A la afectividad le corresponde la búsqueda de la belleza; o dicho de otro modo, del equilibrio, de la armonía subjetiva.

 

La voluntad es la tendencia para alcanzar un objetivo que descubrimos como valioso. Es un apetito racional que nos impulsa hacia una meta. Es un propósito que se va haciendo realidad gracias a su trabajo esforzado. Iniciativa para lograr algo valioso, que cuesta. Voluntad es querer y querer es determinación. A la voluntad le corresponde la búsqueda del bien. Voy a tratar de delimitar esto. ¿Qué es el bien? El bien es lo que todos apetecen. O dicho de otra manera: aquello que es capaz de saciar la más profunda sed del hombre. Expresado de otro modo: el bien es la inclinación a la propia plenitud, que significa autorrealización.

 

De este modo aparecen tres ideas claves: la inteligencia busca la verdad; la afectividad, la belleza; y la voluntad, el bien. Son los trascendentales de los clásicos: verdad, belleza y bien. La cuarta característica que he apuntado al principio es la espiritualidad. Que significa pasar de la inmanencia a la trascendencia, de lo natural a lo sobrenatural, descubrir algo que va más allá de lo que vemos y tocamos. Vamos de la visión horizontal a la vertical: es captar el sentido profundo de la vida. Toda filosofía nace a orillas de la muerte. Como diría Ortega, «Dios a la vista». Tener un sentido espiritual de la vida es haber encontrado las respuestas esenciales de la vida: de dónde venimos, adónde vamos, qué significa la muerte. Para los cristianos lo definitivo no es una doctrina, ni un libro (el Evangelio), sino conocer a una persona que es Cristo. Encuentro, dialogo y confianza. Soy un gran aficionado a la música clásica. Beethoven, Mozart, Brahms, Tchaikosky, Falla, Granados… Cuando veo en directo un buen concierto me impresiona ver a los profesores, cada uno tocando un instrumento concreto y asoman el piano, el violín, el violonchelo, la trompa, los platillos, el clarinete… extrapolando esto al terreno de la personalidad, estos instrumentos son la percepción, memoria, pensamiento, inteligencia, conciencia, etc. Y el director de la orquesta, es la persona: que consigue aunar todo eso para dar lugar a la conducta.

 

La personalidad es el sello propio y particular de cada uno. Es el conjunto de pautas de comportamiento actuales y potenciales que dan lugar a un estilo, a una forma de ser sui generis. Y hay tres dimensiones que se asientan en su interior: la herencia, que es la parte que viene con el equipaje genético y que se llama temperamento; otra que es adquirida y que se llama carácter y que se fragua a través de la educación, la familia, la formación, los primeros años de la vida y sus influencias; y finalmente, la biografía, que no es otra cosa que la historia personal, lo que uno ha ido haciendo con su vida y lo que le ha sucedido. Por eso, la personalidad consiste en un patrón de conducta fuertemente arraigado que da lugar a un modo de funcionar que descansa sobre este tríptico: herencia, ambiente y biografía. Es un sello propio, un estilo de comportamiento sui generis.

 

Los psiquiatras somos perforadores de superficies psicológicas. Bajamos al sótano de la personalidad a poner orden y concierto. Es más, hoy somos capaces de hablar de los trastornos de la personalidad, que son desajustes en su funcionamiento y que dan lugar a llevarse uno mal consigo mismo y a choques frecuentes con los demás. Generalmente estos pasan desapercibidos en las relaciones superficiales y por el contrario, se observan con bastante nitidez en las relaciones profundas (en la familia especialmente y en las amistades íntimas).

 

La Psicología es la ciencia que tiene a la conducta como objeto, a la observación como medio y a la felicidad como destino. La cuestión de la felicidad es la vida buena y eso es sabiduría. Muchas veces mis pacientes me dicen que debería existir la pastilla de la felicidad y tomarnos una por la mañana y sentir que todo marcha, que las cosas de uno van bien… ¿Qué nos falta para ser felices cuando uno lo tiene casi todo y no lo es? Lo que nos falta es saber vivir. Y eso es arte y oficio. Aprendizaje. Y manejar con artesanía estas cuatro dimensiones que he mencionado: inteligencia, afectividad, voluntad y espiritualidad. La puerta de entrada al castillo de la felicidad consiste en tener una personalidad madura, que no es otra cosa que una mezcla de conocimiento de sí mismo, equilibrio, buena armonía entre corazón y cabeza, saber gestionar bien los grandes asuntos de la vida, superación de las heridas y traumas del pasado, etcétera.

 

Vuelve aquí el tema de la felicidad. En definitiva, una vida lograda, que no es otra cosa que una felicidad razonable. No pedirle a la vida lo que no nos puede dar. Mi fórmula es: logros, partido por expectativas. Moderar las ambiciones. Italia hizo el Renacimiento. España, el Barroco. Francia, la Ilustración. Alemania, el Romanticismo. Inglaterra aportó la Revolución Británica en 1648. Estados Unidos nos trajo una Constitución que ha sido un referente. Fue en Francia cuando por primera vez se habló de la felicidad en un sentido más preciso, en el siglo XVIII, con la Enciclopedia. Aunque ya en Grecia y en Roma se habló de ella de un modo más genérico. Pero ha sido en el siglo XX, donde la felicidad ha sido la meta, el punto de mira, la estación de llegada. Hoy la medimos: existen escalas de evaluación de conducta diseñadas por psicólogos y psiquiatras, que mediante un cuestionario bien elaborado y validado, pesan, cuantifican el grado de felicidad que alguien tiene…según la concepción de su autor. La felicidad consiste en la mejor realización de nuestro proyecto personal. Y la coherencia de vida, que es el puente levadizo que nos conduce finalmente al castillo de la felicidad. Porque la vida es arte y aprendizaje. Oficio y tanteo. Sabio es el conocedor de la vida.

Enrique Rojas, Catedrático de Psiquiatría. Publicado en la tercera de ABC el 3 noviembre 2018

 

 

La familia, el equipo más importante

 

Dentro de dos días celebraremos el Día del Padre en España. Quiero aprovechar la efeméride para hablar sobre el papel del padre y, por extensión, del de la familia.

Mi familia ha sido mi verdadero referente. Ellos son quienes, en todo momento, me han animado a dar lo mejor de mí. Cada día me siento muy afortunado de contar con una familia que me ha apoyado en todo momento. Sé que siempre van a estar ahí si los necesito y yo estaré ahí con y por ellos.

A medida que avanzo en mi camino y continúo acumulando experiencias, cada vez soy más consciente del papel esencial de los padres en la transmisión de los valores y el desarrollo de las capacidades de hijos e hijas, de tal forma que establezcan las bases de sus vidas y así poder alcanzar su pleno potencial.

Mis padres, desde niño, me inculcaron una educación basada en valores que hoy son claves en mi desempeño cotidiano dentro y fuera de la cancha: trabajo en equipo, esfuerzo, afán de superación, ambición, humildad y, sobre todo, mucho respeto. Podrán parecer meras palabras, pero son mi forma de entender la vida y de actuar.

El baloncesto ha sido, y es, el deporte rey en mi familia. Mi deseo de jugar al baloncesto comenzó viendo jugar a mi padre con su equipo, el U.E. Gaudí. En ese preciso instante empezó mi pasión por este deporte. Siguiendo y animando a mi padre en aquellas pistas, en su mayoría de cemento, con sus botas altas Converse, me inyectó una ilusión que solo un padre, o madre, te puede transmitir.

Cuando empecé a jugar en mi primer equipo, en el colegio Llor de Sant Boi del Llobregat, con tan sólo 7 años, mis padres fueron mi gran apoyo. No faltaban a ningún partido. En mi siguiente etapa en el Cornellá, su esfuerzo para estar en todos los partidos no pasaba desapercibido. Y cuando comencé en las filas del Barça, mi padre Agustí, ATS de profesión, organizaba su tiempo para llevarme a todos los entrenamientos. Con la ayuda y el trabajo constante de mi madre, ambos se sacrificaron para que pudiera contar con las mejores oportunidades y poder llegar a cumplir mis sueños.

En 2001 mi salto a la NBA vino de la mano de otra muestra de entrega absoluta por parte de mi familia. Mis padres pidieron una excedencia en sus trabajos y mis hermanos dejaron sus colegios con el fin de acompañarme en esta gran aventura. Todos hicieron esfuerzos y sacrificios para ir juntos a EEUU y así mantener nuestra familia unida. Un ejemplo enorme del anteponer el bien colectivo al interés individual de cada uno de los miembros del “equipo”, ejemplo que siempre he llevado conmigo en mi carrera deportiva.

Los miembros de mi familia fueron los primeros en creer en mí, los primeros que vieron en aquel niño al deportista en el que, tras años de trabajo, me acabaría convirtiendo; pero más importante aún, la persona que soy. Por ello no puedo más que sentirme inmensamente afortunado de los padres que tengo y agradecerles siempre que puedo todo lo que han hecho por mí y por mis dos hermanos menores.

La familia es lo más importante que tenemos y, en ocasiones, no le damos el valor que merece. He sido tremendamente afortunado de tener una familia cercana de la que me siento muy orgulloso y, en especial, de mi madre Marisa y de mi padre Agustí.

Pau Gasol. Feliz Día del Padre a todos y todas.

Expansión 17 marzo 2018

 

Identidad digital: ¿quiénes somos en la red?

La capacidad de demostrar que eres quien dices ser es una pieza fundamental del desarrollo económico y social, porque nos permite acceder a servicios públicos y privados básicos, como los sanitarios, la educación, los servicios financieros... Según el Banco Mundial, hay unos 1.100 millones de personas en el mundo que no pueden demostrar su identidad, un 14% de la población total. 

Internet ha transformado de forma irreversible nuestra vida cotidiana. Nos encaminamos a gran velocidad hacia un entorno en el que las interacciones y los negocios serán predominantemente digitales. Además, debido a la aplicación de nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial y la biometría, los servicios que recibimos son cada vez más personalizados, basados en preferencias y comportamientos, por lo que la identificación resulta clave. 

La identidad digital es la versión online de la identidad física de una persona, su representación digital. Esta traslación implica no pocas complejidades: la distancia temporal y física entre usuarios y proveedores supone la aparición de amenazas y oportunidades inéditas en el plano físico. Al final, nuestra identidad digital es un conjunto de atributos, que en el entorno online (a diferencia del físico) se pueden desagregar y combinar en contextos diferentes, y con distintos niveles de fiabilidad: el uso de una identidad validada por un gobierno nos permite realizar transacciones más seguras que las que nos permite nuestra identidad de Facebook, que utilizamos para relacionarnos con nuestros amigos. La confianza es un concepto clave en los procesos de validación. 

Una identidad digital necesita de un proveedor que dé fe de la misma y, a falta de uno universalmente aceptado, este rol lo desempeñan actualmente los gobiernos, del mismo modo que en el mundo físico, generando identidades nacionales para acceder a servicios públicos online, y las empresas, que convierten a los individuos en usuarios autorizados de sus sistemas cerrados. Esto nos conduce a un panorama donde la gestión de la identidad digital está fragmentada, y resulta acuciante la necesidad de disponer de sistemas de identificación interoperables, que permitan que identidades generadas en diferentes sistemas sean reconocidas por otros dominios, y en el que exista estrecha colaboración entre el sector privado y el público. La aplicación de las tecnologías descentralizadas, como blockchain, puede contribuir a ello. 

Para empresas como los bancos, y debido a su experiencia dilatada en la materia –ya que la gestión de identidades ha supuesto una condición necesaria en sus transacciones–, se abre una oportunidad hacia el futuro para convertirse en proveedores de identidad multisectorial. 

Estándares 

Para añadir mayor complejidad, se espera que el número de actores del mercado que se conecten en línea crezca exponencialmente los próximos años. Gracias al desarrollo del Internet de las Cosas, millones de objetos, desde frigoríficos hasta contenedores, previsiblemente comenzarán a operar de manera simultánea e integrada, y será necesario también establecer estándares para verificar sus identidades.

 

Entre los retos está el de la ciberseguridad, que se está convirtiendo en una fuente de preocupación creciente para empresas y gobiernos. La gestión de identidades está sujeta a amenazas como el robo de datos, la pérdida o descifrado de contraseñas, o suplantaciones. Cada vez son más habituales los ataques de piratería de gran magnitud, siendo el robo de identidad una práctica generalizada. El año pasado, por ejemplo, Yahoo! reportó el mayor robo de datos de la historia, que afectó a más de mil millones de cuentas. 

Otro reto es el de la privacidad de los datos. A medida que incrementamos nuestra presencia en el mundo digital, mayor cantidad de información de los usuarios está dispersa por la red, lo que conduce a una sensación de falta de control sobre nuestra identidad digital. Aquí el papel de la regulación es clave: debe garantizar el uso controlado y legítimo de los datos personales. En Europa, el futuro Reglamento de Protección de Datos pretende proteger el tratamiento de datos de las personas físicas, pero al final lo digital no entiende de fronteras, y serían necesarias medidas de protección de alcance global. 

La solución acabará por llegar, pues las empresas, los gobiernos y los reguladores están buscando soluciones integrales a nivel mundial con las que los usuarios puedan identificarse de manera fiable, segura y privada, a la vez que nos ofrecen productos y servicios atractivos para todos.

Publicado por Ana Isabel Segovia en Expansión, 1 marzo 2018

 

“La felicidad es compatible con la ambición profesional”

“Mire a su alrededor; recapacite sobre su propia vida. Probablemente tiene todas sus necesidades básicas cubiertas. La mayor parte del tiempo no sufrirá dolores físicos, ni pasará hambre, ni estará en peligro. A pesar de ello, la ciencia demuestra que un cerebro adulto procesa pensamientos negativos durante el 60% o 70% del tiempo. ¿Cómo es posible que nos sintamos infelices, si de hecho somos muy afortunados?”. Mo Gawdat abandonó su trabajo como director de negocio de Google X, la unidad de innovación disruptiva de la puntocom, el viernes pasado. “Postular que la felicidad está al alcance de todos es un trabajo a tiempo completo”, asegura.

Gawdat ha desarrollado lo que ha bautizado como el “algoritmo de la felicidad”, que además da nombre a su último libro. Su algoritmo, sin duda más sencillo que las interminables ecuaciones del buscador online, está compuesto por seis “grandes ilusiones”, que tienen que ver con la percepción que tenemos del mundo, y siete “puntos ciegos” –suposiciones, filtrado, recuerdos, búsquedas, etiquetas, emociones, exageraciones–, que nos arrastran hacia la infelicidad.

Su mensaje se resume en una idea fundamental: “Alcanzar la felicidad es posible, pero para ello necesitamos esforzarnos. El cerebro es un músculo que se puede entrenar para que los pensamientos positivos superen a los negativos”. ¿Cómo? “Deshaciéndonos, una por una, de las expectativas que nos generamos a nosotros mismos. La infelicidad surge del desequilibrio entre lo que esperábamos de una faceta de nuestra vida y lo que pensamos que hemos alcanzado”.

Gawdat, ingeniero y de personalidad analítica, se autoimpuso la misión de descifrar la ecuación de la felicidad después de que su hijo de 21 años falleciera por un error médico en una cirugía rutinaria. En su caso, asegura que ha logrado que pesen más los 21 años que vivió junto a él, que los tres años que han transcurrido desde aquel fatídico día.

Un problema de ricos

Gawdat reconoce que el problema de la infelicidad es más acusado en los países más prósperos. “El dinero sólo hace feliz hasta que se alcanza la cantidad suficiente para cubrir las necesidades básicas. A partir de ahí, en muchas ocasiones tiene el efecto contrario”.

Por supuesto, hay razones objetivas para no sentirse contento, “la guerra o la muerte de un ser querido son buenos ejemplos de ello. Y sin embargo todo puede sobrellevarse un poco mejor con algo de empeño”. En este aspecto, Gawdat postula una “aceptación comprometida. ¿Puede hacer algo al respecto? Hágalo y se sentirá mejor consigo mismo. Pero si no es así, debe aceptarlo también, desde una posición de fortaleza. En mi caso, me esfuerzo en que cada día sea mejor que el anterior”.

Entrenar la mente para sonreír 

“Los directivos son más infelices que la media de la sociedad. Lo sé porque yo mismo fui un ejecutivo de éxito. A los 28 años ocupaba un puesto de alta dirección, pero era infeliz”, afirma Gawdat. En su opinión esto se debe a dos motivos: por una parte, “a los directivos les traiciona su eterno inconformismo. Se marcan una meta y, cuando la alcanzan, se imponen una superior. Nunca están conformes. Ningún ascenso parece ser suficiente”, sostiene. Por otra parte, “los directivos son obsesos del control. Eso puede estar bien en el trabajo, porque les ayuda a mantener un orden y una disciplina, pero aplicado a otras facetas de la vida les hace sentir bastante desgraciados”.

Por suerte, dice Gawdat, existen remedios: “Se trata de aceptar que una persona puede tener control sobre sus acciones y actitudes, pero no sobre sus efectos. No es casualidad que los directivos más exitosos sean los más flexibles; aquellos que no interpretan los fracasos como algo negativo sino que los aceptan y son capaces de amoldarse a las circunstancias”. En este sentido, la felicidad es “compatible” con la ambición profesional.

Por otra parte, la alegría es contagiosa. “Un líder capaz de transmitir felicidad a su equipo obtendrá unos mejores resultados. La decisión de Google de agasajar a los empleados con comida y servicios gratis tiene mucho que ver con todo esto”.

Si cumple todas estas pautas y ayuda a difundirlas, según Gawdat, conseguirá restablecer su felicidad. “En los test neurocientíficos puede verse cómo los pensamientos negativos ocupan la parte central del cerebro, mientras que los pensamientos útiles activan los laterales de los hemisferios derecho e izquierdo. También se constata que la morfología del cerebro va cambiando. Así, las personas que son optimistas acaban reduciendo el tamaño del espacio central de su cerebro, y potenciando las otras áreas”, explica.

Final del formulario

Autor: MO GAWDAT ex-directivo de Google. Publicado en Expansión 15 febrero 2018

 

Capacidad de motivar, la virtud más valorada en un ejecutivo

Un buen líder no tiene por qué poseer necesariamente el carisma de Kennedy, la oratoria de Churchill, la calidez de Gandhi o la creatividad de Steve Jobs. Pero sí se le pide que sepa motivar a su equipo. Ésta es, al menos, la cualidad más apreciada por quienes buscan incorporar a nuevos directivos a sus compañías, según la encuesta Perspectivas 2018 HR Forum, elaborada por la consultora Parangon Partners. El sondeo, realizado a un centenar de responsables de Recursos Humanos de empresas españolas y multinacionales, afirma que el 72,7% considera que la capacidad de generar ilusión en la plantilla es la facultad primordial a la hora de contratar a un ejecutivo.

A continuación, los valores más destacados son la visión estratégica, remarcada por un 66,7%; la búsqueda de resultados (31,8%), los valores (28,8%) y la adaptación a los cambios (24,2%). “Estamos en un momento de final de crisis en el que las empresas han quedado muy tocadas tras varios años de pérdidas económicas y recorte de personal, por lo que su principal preocupación ahora mismo es generar ilusión en los empleados”, explica Antonio Núñez, socio de Parangon Partners.

Existen otros estudios recientes que refrendan este planteamiento. Por ejemplo, la consultora Ayming subraya la importancia de que los mandos intermedios de la compañía estén implicados: “Si cuentan con el apoyo de la dirección general y una estrategia adecuada de motivación, un estilo de liderazgo diferente que fomente los valores y el sentido del trabajo, el compromiso estará aumentando el bienestar de los trabajadores”. Una de las caras más reconocibles de la desmotivación es el absentismo que, según la Asociación de Mutuas de Accidentes de Trabajo, cada año detrae 5.500 millones de euros de la Seguridad Social y 4.800 de las empresas.

Áreas reforzadas

La encuesta de Parangon también afirma que el área comercial y de márketing será la que más necesite impulsar el talento directivo en 2018. El 66,7% de los sondeados la señala como el área principal a reforzar, seguida de tecnología y sistemas (39,4%), innovación (25,8%), estrategia (25,8%) y operaciones y logística (24,2%). “Otra de las consecuencias de que haya finalizado la crisis es que las compañías tienen más perspectivas de crecimiento y, por lo tanto, se centran más en sus campañas de márketing y en la labor comercial”, destaca Núñez, que también recuerda la importancia de que el 26% de los gestores de Recursos Humanos todavía subrayen la innovación y la estrategia como aspectos a fomentar. No obstante, curiosamente el propio departamento de Recursos Humanos está bastante relegado: sólo es puesto en valor por el 4,5%. Según Núñez, “la tendencia en este sector no es tanto un aumento del volumen de su plantilla como un cambio de enfoque hacia, por ejemplo, la atracción de personal mediante las redes sociales y la marca, o el impulso de fórmulas de conciliación como el teletrabajo”.

El informe señala que, durante este año, el 71,20% de las empresas recurrirá a la promoción interna para buscar nuevos ejecutivos, mientras que el 28,80% empleará ayuda externa. Los expertos en gestión de equipos suelen destacar las virtudes de la promoción interna: indica que la empresa se preocupa de la formación de su gente, se lanza el mensaje interno de que la propia compañía tiene futuro, etcétera. No obstante, pese a considerarla como algo muy positivo, Núñez recuerda que “en un momento en que están cambiando los modelos de negocio a tanta velocidad, es bueno que se produzca rotación y que entre sangre nueva procedente de otras empresas”.

Respecto a los sectores empresariales con más capacidad de crecimiento, la tecnología se lleva la medalla de oro, al ser la más destacada por el 74,2% de los encuestados. A continuación, destacan el sector farmacéutico y sanitario, la construcción e inmobiliario, la hostelería, cultura y ocio, los servicios profesionales, la automoción y transporte, la energía y la banca.

El estudio concluye con una nota de optimismo: el 45,5% mantiene un optimismo medio respecto a la evolución de la economía española este año. Un 43,9%, por su parte, se considera bastante optimista, mientras que sólo un 7,6% atisba el año con mucho optimismo.

Publicado en Expansión

 

Informe Jóvenes Españoles. Entre dos siglos (1984-2017)

Los autores del estudio son Juan María González-Anleo Sánchez y José Antonio López-Ruiz. Además, también estuvieron presentes en el resto de investigaciones que llevó a cabo la Fundación SM en esta materia. La clave del éxito de este análisis es mantener la mayoría de las preguntas que se han realizado y que de esta forma sean las mismas que hace 30 años. El propósito según los investigadores es "crear espacios de diálogo que puedan servir para concienciar a políticos y para que los jóvenes aprendan a reconocerse". 

Para hacer posible este estudio se realizaron 1.200 entrevistas en todas las regiones de España. Estas charlas duraron aproximadamente 20 minutos y se desarrollaron en el hogar del entrevistado.

Una de las principales conclusiones que se saca del informe, y en la que los investigadores insisten en su relevancia, es que los jóvenes consideran muy importante la salud y la familia, seguido de los amigos y conocidos. Destaca el alto porcentaje - 97% - que sitúa a la familia como el "Lugar donde se dicen las cosas más importantes". A pesar de lo que se habla de la posible distancia intergeneracional entre padres e hijos, no es así. La distancia era mayor en anteriores análisis.

Hoy en día los jóvenes tienen más inquietud que nunca

Un aspecto también significativo y que ya se ha hecho muy visible es la falta de confianza que les producen las instituciones sociales, sólo excluyendo a organizaciones de voluntario, la Policía y las Fuerzas Armadas. En comparación con el 2005, en concreto, el Parlamento de Estado cae un 10%. Sin embargo, el interés por la política aumenta, y no solo eso, sino que la radicalización de la posición ideológica incrementa, de tal forma que el 22% se sitúa en la extrema izquierda o en la extrema derecha. Hoy en día la media está en el 4'8, más en el centro que antes. Pero las posiciones 1, 2 y 9, 10 son las que preocupan a los investigadores. En concreto, la extrema izquierda aumenta un 11% más que en los veinte años anteriores, y la extrema derecha un 2'8%.

A pesar de todo, los analistas insisten en que no se ha dado una brecha generacional, pero sí que hay una quiebra.

Aumenta el interés por la política, pero no conlleva una mayor participación

Es reseñable la descripción que se dan de sí mismos como personas "consumistas", "rebeldes" y "demasiado preocupados por su imagen", este último rasgo con un 47%. También aumenta el egoísmo y la indignación por la situación política. Según José Antonio, uno de los aspectos recientes que ha aumentado es el cansancio que sufren los jóvenes, refiriéndose a la presión que sienten sobre el éxito: "Puede ser positivo, pero cuando es negativo puede llegar a producir depresiones por agotamiento".

En cuanto a las actividades de ocio y tiempo libre, hay dos que destacan principalmente: hacer voluntariado y recibir clases de alguna disciplina artística. A pesar de que el incremento en lectura ha sido significativo, la prensa se ha quedado atrás y más de la mitad de los jóvenes declara que no lo hace nunca o que la lee menos de un día a la semana.

En este informe también se ha introducido internet y sus aspectos negativos como el ciberacoso, que se encuentra en un 12%, el acoso a través de insultos está en un 20 %. En relación con la violencia, el aspecto negativo es que en comparación con otros estudios de años anteriores aumentó la violencia en lugares de trabajo y en pareja, pero desciende la agresión de profesores (4%). 

La religión sigue disminuyendo. En la mayoría de los casos está muy presente en grupos cerrados, pero fuera de estos es cuando se ve una caída relevante. A pesar de esto, un 40% se define como católico.

Uno de los principales problemas que tiene la sociedad de hoy en día, según Juan María, es que en la sociedad faltan referentes y educadores morales. Además, insiste en que estamos viviendo un tímido despertar de los jóvenes.​

Vídeo Informe Jóvenes Españoles https://vimeo.com/246847522

La ampliación del permiso de paternidad eleva las solicitudes y duplica el gasto

La Seguridad Social destinó 1.919 millones de euros al pago de prestaciones económicas por maternidad y paternidad en 2017, según los datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social publicados este martes. Significa una subida del 8,6%, ya que en 2016 se desembolsaron 1.767 millones.

Así, en el caso de las prestaciones por maternidad se desembolsaron 1.519,1 millones de euros, el grueso del dinero destinado, ya que se trata de las bajas de mayor duración. Sin embargo, esta cantidad descendió en un 2,6%. Por el contrario, en el caso de las prestaciones por paternidad, el dinero dedicado es menor, 399,8 millones, pero registró un aumento del 93,8%. Esto se debe a que el 1 de enero de 2017 entró en vigor la ampliación de la baja de paternidad de dos a cuatro semanas.

Estos datos reflejan que, en contra de lo que temían algunos expertos, el aumento del tiempo de la baja de paternidad no hizo que descendiera el número de progenitores que la solicitaran, sino que incluso ha aumentado. Estos pensaban que los trabajadores no iban a pedir el permiso por miedo a represalias en sus empresas y a perder oportunidades de promoción. De los datos presentados este martes, se deduce que la gran mayoría de los padres solicitan las cuatro semanas íntegras, ya que el presupuesto destinado crece en cifras cercanas al 100%.

También descendió el número de prestaciones por maternidad solicitadas, que se situaron en 268.328, un 3,6% menos que en 2016. Al mismo tiempo, los procesos de paternidad aumentaron un 8,2%, lo que los sitúa en 264.632, una cifra mucho más cercana a la de las prestaciones por maternidad que en años anteriores. Así, en 2017 las madres pidieron 3.696 permisos más que los padres, mientras que el año anterior, solicitaron 34.041 permisos más (278.509 solicitudes de las madres frente a 244.468 de los padres en 2016).

Sin embargo, estas cifras solo permiten hacer una lectura limitada de la realidad, ya que dentro del número solicitado de las bajas por maternidad no se conoce cuales corresponden a madres solteras, progenitores en paro que no tienen derecho a solicitar la prestación o padres que deciden no hacer uso de este derecho.

En la actualidad, el permiso de paternidad es de cuatro semanas intransferibles y no obligatorias, mientras que las madres tienen derecho a una baja total de cuatro meses: seis semanas obligatorias y otras diez que pueden compartir con los padres. La cuantía de ambos subsidios es del 100% del sueldo.

En cuanto al número de excedencias solicitadas para cuidar de un hijo, de menores acogidos o de otros familiares, durante 2017 se registraron 55.133, un 9,1% más que en 2016. De estas el 90,6% la solicitaron las madres, con un total de 49.934, mientras que los padres solo pidieron 5.199.

Leído en El Pais, 31 enero 2018

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